martes, 27 de mayo de 2008

APUNTES DESDE ESPAÑA , María nos saluda.

Esto de la tecnología nos hace "diabluras", por abc motivos, el comentario de María apareció en el artículo de nuestro gran jugador Don Ficho, debiendo aparecer en el saludo a España.

Afortunadamente... ¡¡ todo es perfectible !! y aquí están los comentarios de María ( nuestra amiga española), donde se refiere a nuestras costas y a nuestros poetas.
Los dejo con María y sus comentarios...

Blogger Maria dijo...
La costa de los poetas chilenos

Los refugios marítimos de Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Nicanor Parra

Cerca de Santiago de Chile se descubre un litoral lleno de contrastes frente a la inmensidad del Pacífico. Bosques de pinos y calas se suceden en lugares como Isla Negra, Cartagena y Las Cruces.


Nadie sabe muy bien por qué, pero en Chile los poetas suelen buscar una playa y retirarse a ella. El retiro es, por cierto, cualquier cosa menos total. La playa más cercana a Santiago, la capital, queda a sólo 110 kilómetros de la ciudad. Tres de las más importantes voces de la poesía chilena, Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Nicanor Parra, han buscado justamente refugio en esa costa cercana (Gonzálo Rojas, en cambio, se ha internado en el lejano Chillán). De alguna forma, ese refugio cercano y lejano a la vez les ha permitido a los poetas quedarse en la capital e irse al mismo tiempo, mirar por una ventana la grandiosidad del Pacífico, y por otra, las rencillas, peleas y glorias pasajeras de Santiago.
La costa de los poetas alguna vez se hizo llamar la costa azul. Una serie de balnearios encopetados que querían parecer Deauville o la Concha de San Sebastián se instalaron entre las rocas y las dunas a principios del siglo pasado. La carretera y los túneles que progresivamente unieron estas localidades cada vez más con Santiago convirtieron El Quisco, Cartagena y Algarrobo en centros de vacaciones populares. Hoy, entre los eucaliptos y los bosques de oscuros pinos surgen toda suerte de pensiones, hoteles, cabañas y rutas para boy scouts. La costa de los poetas es ruidosa, viva, llena de contrastes. Campos de golf en Las Brisas, carruseles y circos en El Quisco, desnudos acantilados en Tunquén y funcionarios jubilados en Algarrobo (en donde los ex presidentes Allende y Frei tenían casas vecinas). Cuando el verano se retira, la costa de los poetas vuelve a soñarse señorial, decadente, salvaje, amable y crepuscular.

Epitafio en el mar

Asombrosamente, o quizá no tanto, los lugares en que vivieron nuestros tres poetas se parecen de algún modo a su poesía. Huidobro, el gran señor de la poesía chilena, el amigo de Apollinaire, el propagador de todas las vanguardias, se retiró a Cartagena después de haber recibido dos heridas de bala como corresponsal de guerra en la II Guerra Mundial. Su residencia, un caserón de campo que se supone que servía de casa patronal para el fundo que el padre del poeta fue loteando de a poco, sobrevuela el balneario de Cartagena desde un cerro. En su tumba dejó el creador del creacionismo escrito: "Aquí yace Vicente Huidobro. Abrid la tumba, al fondo de ella se ve el mar". La invitación del epitafio era demasiado tentadora, y varias veces los desconocidos de siempre han destrozado la lápida buscando el mar en el fondo del agujero.

Esa tumba con vista al mar mira también a una ciudad que como ninguna otra representa en sus calles el encanto ligeramente pasado de moda que baña la voluntariosa poesía de Vicente Huidobro. Vivió el balneario la misma transformación que la vida del poeta. A principios del siglo XX, Cartagena fue el balneario elegante por excelencia; después, la modernidad que tanto enamoró a Huidobro la convirtió en el balneario popular más famoso. Pasó de ser sobrio, exclusivo y desvitalizado a ser bullicioso, demencial, abierto y vivo. La playa grande se llena en verano de carpas hechas de restos de plástico. Su señorial paseo marítimo es el hogar privilegiado de la fritura, el reggaetón y las botellas de plástico y pitos de marihuana.

En invierno, Cartagena queda casi desierta: sus pensiones vuelven a ser palacios en ruinas, sus calles vuelven a mirar, no a la multitud bullente que devora todo lo que encuentra en la caleta de San Pedro, sino al mar, que llega manso y frío a la playa de arena morena. Escritores como Poli Délano y el desaparecido Adolfo Couve han escrito y vivido ahí. De tarde en tarde, un equipo de cine viene a captar este Valparaíso en miniatura y sus asombrosos atardeceres.

No es un azar, en cambio, que Isla Negra se parezca a la poesía de Neruda. El balneario fue creado enteramente por el poeta. Cuando, cansado de errar por el mundo, decidió imitar a su amigo y enemigo Vicente Huidobro y vivir con vista al mar, el pueblo no era más que una calle. Vivían y viven aún, en esta isla que no está separada del continente por ningún mar, sólo unas tejedoras de arpilleras. Neruda y un par de amigos decidieron conservar, e incluso acentuar, el carácter silvestre del pueblo. Pinos entre los que el viento silba, rocas oscuras que se aventuran al agua, casas que se pierden en el bosque, y bosques que se internan en las casas. Todavía hoy no se han instalado, por voluntad expresa de los vecinos, faroles ni luces en las calles de tierra. Hasta el hotel principal del lugar, la hostería de Isla Negra, conserva ese encanto rústico, de un mundo recién creado, tal vez ayer por la mañana. Por desgracia, la industria nerudiana -sus pescados de piedras, sus bajorrelieves de cobre y frases hechas- ha invadido el pueblo. La propia casa de Neruda -una cabaña que fue agrandando con diversos pabellones, alas, locomotoras, mascarones de proa, conchas de caracol- es ahora un museo que rinde culto a la irreprimible necesidad del poeta de seguir de adulto acumulando juguetes y talismanes. Durante décadas residía también en Isla Negra Nicanor Parra. En broma decía que no le importaba ser el mejor poeta de Chile, con tal de que fuera el mejor poeta de Isla Negra. Luego de la muerte de Neruda, Parra se trasladó unos kilómetros más al sur, al discreto y misterioso balneario de Las Cruces. Un cruce perfecto entre la señorial Cartagena de Huidobro y la rural y selvática Isla Negra de Neruda, Las Cruces posee una pequeña playa rodeada de mansiones, algunas de ellas carcomidas por las termitas, y casas de madera más sencillas. Más allá, las rocas al borde están habitadas por pelícanos y lobos marinos. La casa de un estudiante eterno.

La casa de Parra es como toda su obra, un proyecto en eterna construcción. Una torre que era su lugar para escribir se quemó, y a sus 94 años, el poeta piensa reconstruirla. De este mismo incendio se salvó una casa de madera, modesta pero cómoda, llena de colecciones -como las de Neruda-. Esta colección no era de objetos bellos o poéticos, sino de fotos con leyendas que la deforman, máquinas de escribir difuntas, bandejas de pasteles sobre las que Parra todavía escribe sus lúcidos decretos antipoéticos. Una casa que parece la de un estudiante eterno, que recopila pruebas contra la poesía y sus abusos de lenguaje.

Y por el ventanal abierto, una vista privilegiada a la bahía y al mar, que indiferente a los versos y declaraciones de los tres poetas que lo habitaron, ataca las rocas y las convierte en arena.

Mil besos de Maria

26 de mayo de 2008 3:27

Fotografías: 1) Vicente Huidobro. 2) Cartagena de Chile. 3) Poli Delano. 4) Gonzalo Rojas. 5) Adolfo Couve. 6) Pablo Neruda. 7) Nicanor Parra. Videos: 1) Hacer clic en título del artículo, Gonzalo Rojas leyendo uno de sus poemas. 2) Cartagena de Chile.

8 comentarios:

Maria dijo...

poemas de amor, sentimientos, literatura, poemas, poesia Nicanor Parra...
Biografía de Nicanor Parra

Para ubicar al poeta dentro del contexto de su cronología vivencial, se debe contar con un instrumento preciso, ya que su tiempo y su espacio comprenden un permanente baúl de Pandora: Enseña mecánica racional en la universidad, confecciona "artefactos"; aquí dicta conferencias, allá dirige un taller literario, etc. No haremos, sin embargo, caso de líneas consecutivas y nos abocaremos al quehacer fundamental y formador: Nace en Chillán (lo que no se debe olvidar) y allí cursa sus estudios básicos y medios. Tras aquello, va a Santiago y se gradúa de profesor de matemáticas. Entre tanto, ya eligió un destino -la poesía-. Pero no parece tener prisa en ser "famoso"; espera diecisiete años para dar a luz su segundo libro. Entonces, ya el nombre de Nicanor Parra es ubicado en un lugar personalísimo dentro de la poesía americana y de más allá. El tiempo transcurrió útil. El poeta descubrió una manera de interpretar el desorden que parte de la mente y de la acción humanas. Su lírica (no sabemos si le viene el apelativo) emerge de escombros, de teorías putrefactas, de energúmenos que se vanaglorian de serlo; de personajes que sueñan sueños inverosímiles (aún como sueños); de "conductores" inconductores, de "doctores" de nada; de todo lo que se llama "realidad", "buena crianza", "progreso", "moral", "sensibilidad social" y otras yerbas más arraigadas que la peor de las hiedras.

Parra descerraja, violentamente, los candados y cerraduras dejando partir el nauseabundo olor a podrido que todo aquello había acumulado durante milenios. Lo hace con tal soltura de cuerpo que los directamente aludidos lo consideran una broma y sigue haciendo de las suyas, como si nada hubiera pasado. Pero Nicanor Parra confecciona armas más eficaces, hasta que lo divertido se transforma en mortal. Entonces "hay que matar a la bestia..." Y los energúmenos creen que, verdaderamente, deben hacerlo. No saben que apenas son "las manos del gato..."

En 1943 viaja a Estados Unidos con beca otorgada por el "Institute of International Education", donde estudia mecánica avanzada en la Universidad de Brown. Allí permanece durante tres años. En 1948 es nombrado director interino de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. En 1949 viaja a Inglaterra, con beca del Consejo Británico. Estudia cosmología con E. A. Milner, permaneciendo en Gran Bretaña hasta 1951. Después enseña matemáticas y física en la Universidad de Chile. Pronto, nuevamente, es invitado a diversos países: Estados Unidos, Unión Soviética, China Popular, Cuba, Perú, Panamá, México, etc. En todas partes dicta conferencias, organiza talleres, asiste a congresos, a mesas redondas con personalidades de talla universal como Ezra Pound y otros; recibe premios, títulos y es traducido y estudiado en diversos planteles universitarios. A esta altura, Nicanor Parra es ya un nombre universal. Lo estudian -en libros y ensayos-, en Inglaterra, Holanda, Rumania, Unión Soviética, Finlandia, Cuba, Suiza, Estados Unidos, Italia, Suecia, Georgia (República Soviética), España, Argentina, Alemania
Federal, etc. Una nueva beca (Guggenheim) lo lleva a Estados Unidos, en 1972.

En Chile recibe dos premios Municipales y el Premio Nacional de Literatura (1969). Da recitales en todas partes y en Chile. Se filman dos películas sobre la vida y obra de Nicanor Parra: 1.- "Nicanor Parra en Nueva York", de Jaime Barros, y 2.-"Nicanor Parra", de Guillérmo Kahn. Patricio Larzundi pide el "Premio Nobel" para Parra, en la revista de la Universidad de Columbia; y la Sociedad Hispanoamericana de Nueva York, bajo la presidencia de Mario Meza, apoya la moción. Los trabajos sobre el poeta se multiplican: Federico Schopf, del Departamento de Español de la Universidad de Chile, hace un estudio serio para los "poemas y antipoemas"; Jose Miguel Ibáñez Langlois dedica más de sesenta páginas a "Antipoesía", para la editorial "Seix Barral"; Leonidas Morales, de la Universidad Austral de Chile, publica "La Poesía de Nicanor Parra"; en la Universidad de Nueva York, la profesora Edith Grosmann escribe "The Antipoetry of Nicanor Parra"; Mercedes Rein, de Uruguay,
escribe sobre "La Antipoesía de Nicanor Parra"; Patricio Marchant escribe "La Poesía de Nicanor Parra"; Thomas Brons, de Nuremberg, publicó "Villón y Parra"; en Chile se lanzó un disco con poemas de Nicanor Parra, etc.

Entre las universidades donde Parra sirvió cátedras, como profesor invitado, se hallan las de Columbia, Yale, La Habana, Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile y el Departamento de Estudios Humanísticos de la misma universidad. En Finlandia aparece una edición de los cinco "más notables" poetas de Latinoamérica: César Vallejo, Pablo Neruda, Octavio Paz, Nicanor Parra y Pablo Fernández. Toda esta actividad del poeta chileno es, apenas, parte de lo enumerable, ya que haría falta una obra entera para agotar lo meramente objetivo de sus quehaceres intelectuales.

Como muy bien lo dice, José Miguel Ibáñez Langlois :

"Pues bien: el antipoema de Parra no es la serena y apolínea creación que se produce en una cumbre de equilibrio de la forma verbal y la experiencia humana. Es la poesía de una época no apta para tales triunfos, clasicismos ni armonías, porque en ella se extingue el brillo de la divinidad en el mundo, y cabe repetir con Holderlin: ¿. . . y para qué ser poeta en tiempos de penuria? El antipoema es una respuesta posible: una palabra que ya no puede cantar a la naturaleza, ni celebrar al hombre, ni glorificar a Dios o a Ios dioses, porque todo se le ha vuelto problemático, comenzando por el lenguaje. En compensación, este producto alejandrino, romántico e imperfecto renueva un intenso contacto del hombre con su destino y con las honduras de la subjetividad viva; aparece como una recuperación -por la palabra- de la realidad perdida en las palabras, y es el semillero de nuevas e inusitadas formas de lenguaje.


Estoy mas en chile que en España
con inmenso cariño mil besos de Maria

c.fernandois dijo...

Muy buen comentario María, es tan bueno que lo trasladé a otro blog mío...¡¡ estás colaborando conmigo !!, gracias.

Maria dijo...

Vicente Huidobro Fernández


Escritor chileno



Nació el 10 de enero de 1893 en Santiago de Chile. Hijo de la escritora María Luisa Fernández Bascuñán. Criado en el seno de una familia aristocrática, su existencia estuvo plagada de toda clase de acontecimientos artísticos, políticos y sentimentales de la más variada especie. Cursó estudios en su ciudad natal. Escribió sus primeros poemas a los doce años. Pronto apareció publicado un manifiesto en el que rechazaba toda la poesía anterior a él. casado tres veces, sufrió incluso varios atentados por sus actividades izquierdistas, además de ser amenazado de muerte por el padre de Ximena Amunátegui, una bella adolescente de la que se enamoró tan perdidamente que la raptó a la salida del colegio. Fue así como se fugó a París en 1928 con la que sería su segunda esposa, dejando atrás uno de los mayores escándalos en la historia de la sociedad chilena de comienzos del siglo XX. Traslada su residencia a París, donde toma contacto con la literatura de los poetas surrealistas como Guillaume Apollinaire y Pierre Reverdy, junto a los cuales fundaría la revista Nord-Sud. Se alejó poco después del surrealismo al no aceptar la opinión de que el artista es un mero instrumento revelador de su inconsciente. De igual manera rechazó el futurismo. Como respuesta a todos estos movimientos, su actitud desafiante lo llevó a dar a luz el movimiento que le valió la posteridad: el creacionismo, el cual él mismo fue definiendo poco a poco en escritos como el célebre manifiesto "Non serviam". En él, Huidobro ataca sin rodeos la labor de los vates: "Qué ha salido de nosotros que no estuviera antes rodeando nuestros ojos? (_) Hemos cantado a la naturaleza, (pero) nunca hemos creado realidades propias, como ella lo hace (_). Non serviam. No he de ser tu esclavo, madre Natura; seré tu amo". Este concepto constituyó el eje de su obra poética, sembrada de impactantes imágenes, de yuxtaposiciones efectistas y de letras y secuencias de palabras de carácter aleatorio. Algunos de su poemas recuerdan los caligramas de Apollinaire. Su gran habilidad de comunicador contribuyó a extender el entusiasmo por la experimentación en la Europa de entreguerras. Sus continuos viajes por el mundo le permitieron además trabar amistad con toda la heterogénea nómina de escritores y artistas de la vanguardia europea y con estrellas de la época dorada de Hollywood, como la diva Gloria Swanson y el aventurero Douglas Fairbanks. Durante la Guerra Civil española (1936-1939), fue un activo y enérgico conferenciante político, arengando con un altavoz desde un coche blindado a los soldados rebeldes en los frentes de Madrid y Aragón, instándoles a que se pasaran a las tropas leales a la República. También participó en la Segunda Guerra Mundial y transmitió desde París sus crónicas para "La Voz de América". En esta conflagración fue herido en dos ocasiones y se enorgulleció de guardar, como botín de guerra, el teléfono particular de Adolfo Hitler. Además de poemas, su producción se completó con novelas (Sátiro o el poder de las palabras, 1939), manifiestos, ensayos (Vientos contrarios, 1926) y obras teatrales (Gilles de Raiz, en francés, 1932). Como parte de sus ocurrencias, escribió su propio epitafio: "Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar". Se encuentra sepultado en Cartagena (Chile), frente al mar. Cuando el escritor estaba a punto de fallecer en su hacienda de Llolleo, murmura algunas palabras en el lecho de muerte. Rodeado de algunos amigos como Lucho Vargas y la pintora chilena Henriette Petit, Huidobro miró fijamente a esta última y le dijo: "Cara de poto." (cara de culo). En ese momento, fallece. El autor de "Poemas árticos", "Altazor", "Cagliostro" y "Mío Cid Campeador", murió producto de un derrame cerebral. Fue el dos enero de 1948, ocho días antes de cumplir 55 años. En ese lugar yacen sus restos, con una inscripción que dice: "Aquí yace el poeta Vicente Huidobro/ Abrid la tumba/ Al fondo de esta tumba se ve el mar".




El hombre triste


Lloran voces sobre mi corazón ...
No más pensar en nada.
Despierta el recuerdo y el dolor,
Tened cuidado con las puertas mal cerradas.
Las cosas se fatigan.
En la alcoba,
Detrás de la ventana donde el jardín se muere,
Las hojas lloran.
En la chimenea languidece el mundo.
Todo está oscuro,
Nada vive,
Tan sólo en el ocaso
Brillan los ojos del gato.
Sobre la ruta se alejaba un hombre.
El horizonte habla,
Detrás todo agonizaba
La madre que murió sin decir nada.
Trabaja en mi garganta.
Tu figura se ilumina al fuego
Y algo quiere salir.
El chorro de agua en el jardín.
mil besos con cariño desde España de MARIA

Maria dijo...

Vicente Huidobro Fernández


Escritor chileno



Nació el 10 de enero de 1893 en Santiago de Chile. Hijo de la escritora María Luisa Fernández Bascuñán. Criado en el seno de una familia aristocrática, su existencia estuvo plagada de toda clase de acontecimientos artísticos, políticos y sentimentales de la más variada especie. Cursó estudios en su ciudad natal. Escribió sus primeros poemas a los doce años. Pronto apareció publicado un manifiesto en el que rechazaba toda la poesía anterior a él. casado tres veces, sufrió incluso varios atentados por sus actividades izquierdistas, además de ser amenazado de muerte por el padre de Ximena Amunátegui, una bella adolescente de la que se enamoró tan perdidamente que la raptó a la salida del colegio. Fue así como se fugó a París en 1928 con la que sería su segunda esposa, dejando atrás uno de los mayores escándalos en la historia de la sociedad chilena de comienzos del siglo XX. Traslada su residencia a París, donde toma contacto con la literatura de los poetas surrealistas como Guillaume Apollinaire y Pierre Reverdy, junto a los cuales fundaría la revista Nord-Sud. Se alejó poco después del surrealismo al no aceptar la opinión de que el artista es un mero instrumento revelador de su inconsciente. De igual manera rechazó el futurismo. Como respuesta a todos estos movimientos, su actitud desafiante lo llevó a dar a luz el movimiento que le valió la posteridad: el creacionismo, el cual él mismo fue definiendo poco a poco en escritos como el célebre manifiesto "Non serviam". En él, Huidobro ataca sin rodeos la labor de los vates: "Qué ha salido de nosotros que no estuviera antes rodeando nuestros ojos? (_) Hemos cantado a la naturaleza, (pero) nunca hemos creado realidades propias, como ella lo hace (_). Non serviam. No he de ser tu esclavo, madre Natura; seré tu amo". Este concepto constituyó el eje de su obra poética, sembrada de impactantes imágenes, de yuxtaposiciones efectistas y de letras y secuencias de palabras de carácter aleatorio. Algunos de su poemas recuerdan los caligramas de Apollinaire. Su gran habilidad de comunicador contribuyó a extender el entusiasmo por la experimentación en la Europa de entreguerras. Sus continuos viajes por el mundo le permitieron además trabar amistad con toda la heterogénea nómina de escritores y artistas de la vanguardia europea y con estrellas de la época dorada de Hollywood, como la diva Gloria Swanson y el aventurero Douglas Fairbanks. Durante la Guerra Civil española (1936-1939), fue un activo y enérgico conferenciante político, arengando con un altavoz desde un coche blindado a los soldados rebeldes en los frentes de Madrid y Aragón, instándoles a que se pasaran a las tropas leales a la República. También participó en la Segunda Guerra Mundial y transmitió desde París sus crónicas para "La Voz de América". En esta conflagración fue herido en dos ocasiones y se enorgulleció de guardar, como botín de guerra, el teléfono particular de Adolfo Hitler. Además de poemas, su producción se completó con novelas (Sátiro o el poder de las palabras, 1939), manifiestos, ensayos (Vientos contrarios, 1926) y obras teatrales (Gilles de Raiz, en francés, 1932). Como parte de sus ocurrencias, escribió su propio epitafio: "Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar". Se encuentra sepultado en Cartagena (Chile), frente al mar. Cuando el escritor estaba a punto de fallecer en su hacienda de Llolleo, murmura algunas palabras en el lecho de muerte. Rodeado de algunos amigos como Lucho Vargas y la pintora chilena Henriette Petit, Huidobro miró fijamente a esta última y le dijo: "Cara de poto." (cara de culo). En ese momento, fallece. El autor de "Poemas árticos", "Altazor", "Cagliostro" y "Mío Cid Campeador", murió producto de un derrame cerebral. Fue el dos enero de 1948, ocho días antes de cumplir 55 años. En ese lugar yacen sus restos, con una inscripción que dice: "Aquí yace el poeta Vicente Huidobro/ Abrid la tumba/ Al fondo de esta tumba se ve el mar".




El hombre triste


Lloran voces sobre mi corazón ...
No más pensar en nada.
Despierta el recuerdo y el dolor,
Tened cuidado con las puertas mal cerradas.
Las cosas se fatigan.
En la alcoba,
Detrás de la ventana donde el jardín se muere,
Las hojas lloran.
En la chimenea languidece el mundo.
Todo está oscuro,
Nada vive,
Tan sólo en el ocaso
Brillan los ojos del gato.
Sobre la ruta se alejaba un hombre.
El horizonte habla,
Detrás todo agonizaba
La madre que murió sin decir nada.
Trabaja en mi garganta.
Tu figura se ilumina al fuego
Y algo quiere salir.
El chorro de agua en el jardín.
con mucho cariño mil besos desde España de Maria

Maria dijo...

Vicente Huidobro Fernández


Escritor chileno



Nació el 10 de enero de 1893 en Santiago de Chile. Hijo de la escritora María Luisa Fernández Bascuñán. Criado en el seno de una familia aristocrática, su existencia estuvo plagada de toda clase de acontecimientos artísticos, políticos y sentimentales de la más variada especie. Cursó estudios en su ciudad natal. Escribió sus primeros poemas a los doce años. Pronto apareció publicado un manifiesto en el que rechazaba toda la poesía anterior a él. casado tres veces, sufrió incluso varios atentados por sus actividades izquierdistas, además de ser amenazado de muerte por el padre de Ximena Amunátegui, una bella adolescente de la que se enamoró tan perdidamente que la raptó a la salida del colegio. Fue así como se fugó a París en 1928 con la que sería su segunda esposa, dejando atrás uno de los mayores escándalos en la historia de la sociedad chilena de comienzos del siglo XX. Traslada su residencia a París, donde toma contacto con la literatura de los poetas surrealistas como Guillaume Apollinaire y Pierre Reverdy, junto a los cuales fundaría la revista Nord-Sud. Se alejó poco después del surrealismo al no aceptar la opinión de que el artista es un mero instrumento revelador de su inconsciente. De igual manera rechazó el futurismo. Como respuesta a todos estos movimientos, su actitud desafiante lo llevó a dar a luz el movimiento que le valió la posteridad: el creacionismo, el cual él mismo fue definiendo poco a poco en escritos como el célebre manifiesto "Non serviam". En él, Huidobro ataca sin rodeos la labor de los vates: "Qué ha salido de nosotros que no estuviera antes rodeando nuestros ojos? (_) Hemos cantado a la naturaleza, (pero) nunca hemos creado realidades propias, como ella lo hace (_). Non serviam. No he de ser tu esclavo, madre Natura; seré tu amo". Este concepto constituyó el eje de su obra poética, sembrada de impactantes imágenes, de yuxtaposiciones efectistas y de letras y secuencias de palabras de carácter aleatorio. Algunos de su poemas recuerdan los caligramas de Apollinaire. Su gran habilidad de comunicador contribuyó a extender el entusiasmo por la experimentación en la Europa de entreguerras. Sus continuos viajes por el mundo le permitieron además trabar amistad con toda la heterogénea nómina de escritores y artistas de la vanguardia europea y con estrellas de la época dorada de Hollywood, como la diva Gloria Swanson y el aventurero Douglas Fairbanks. Durante la Guerra Civil española (1936-1939), fue un activo y enérgico conferenciante político, arengando con un altavoz desde un coche blindado a los soldados rebeldes en los frentes de Madrid y Aragón, instándoles a que se pasaran a las tropas leales a la República. También participó en la Segunda Guerra Mundial y transmitió desde París sus crónicas para "La Voz de América". En esta conflagración fue herido en dos ocasiones y se enorgulleció de guardar, como botín de guerra, el teléfono particular de Adolfo Hitler. Además de poemas, su producción se completó con novelas (Sátiro o el poder de las palabras, 1939), manifiestos, ensayos (Vientos contrarios, 1926) y obras teatrales (Gilles de Raiz, en francés, 1932). Como parte de sus ocurrencias, escribió su propio epitafio: "Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar". Se encuentra sepultado en Cartagena (Chile), frente al mar. Cuando el escritor estaba a punto de fallecer en su hacienda de Llolleo, murmura algunas palabras en el lecho de muerte. Rodeado de algunos amigos como Lucho Vargas y la pintora chilena Henriette Petit, Huidobro miró fijamente a esta última y le dijo: "Cara de poto." (cara de culo). En ese momento, fallece. El autor de "Poemas árticos", "Altazor", "Cagliostro" y "Mío Cid Campeador", murió producto de un derrame cerebral. Fue el dos enero de 1948, ocho días antes de cumplir 55 años. En ese lugar yacen sus restos, con una inscripción que dice: "Aquí yace el poeta Vicente Huidobro/ Abrid la tumba/ Al fondo de esta tumba se ve el mar".




El hombre triste


Lloran voces sobre mi corazón ...
No más pensar en nada.
Despierta el recuerdo y el dolor,
Tened cuidado con las puertas mal cerradas.
Las cosas se fatigan.
En la alcoba,
Detrás de la ventana donde el jardín se muere,
Las hojas lloran.
En la chimenea languidece el mundo.
Todo está oscuro,
Nada vive,
Tan sólo en el ocaso
Brillan los ojos del gato.
Sobre la ruta se alejaba un hombre.
El horizonte habla,
Detrás todo agonizaba
La madre que murió sin decir nada.
Trabaja en mi garganta.
Tu figura se ilumina al fuego
Y algo quiere salir.
El chorro de agua en el jardín.

Maria dijo...

Mapuche
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
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Pueblo indígena latinoamericano que vive en Chile y Argentina. Su nombre significa "gente de la tierra", en su propio idioma. Los españoles les dieron el nombre de araucanos.

Los mapuches se subdividían en una serie de tribus (picunches, ranculches, pehuenches, etcétera). Se organizaban en torno a un cacique, aunque en tiempos de guerra se unían en federaciones más vastas, a cargo de un jefe militar llamado toqui. El Imperio Inca intentó conquistarlos infructuosamente. Luego, cuando los españoles abatieron al Imperio Inca, intentaron someter también a los mapuches. Sin embargo, la resistencia de Lautaro, un mozalbete que aprendió de táctica y estrategia militar mientras fue prisionero de los españoles, y más tarde la sublevación de Pelantaro en 1602, fijaron la frontera militar entre españoles y mapuches en el Río Biobío. En los siglos siguientes, los españoles fueron cautelosos en adentrarse en territorio mapuche. La misma política siguió Chile después de la Independencia. Sin embargo, el autonombramiento de Orelie Antoine I como Rey de la Araucanía desató la alarma de Chile, ya que si los mapuches eran sometidos a dominio de otro Estado, Chile quedaría geográficamente partido en dos. Se iniciaron entonces una serie de campañas militares de conquista y exterminio, a cargo de Cornelio Saavedra, que culminaron con el completo sometimiento de los mapuches en 1882. A esto la historiografía chilena lo llamará Pacificación de la Araucanía. En los años sucesivos, los mapuches se integrarán a la nación chilena en sus ciudades, aunque siempre permanecerán focos de resistencia, que en la década de 1990 se incrementarán, llegando incluso a la comisión de actos violentistas en contra de Carabineros y empresas forestales.

Los mapuches vivían predominantemente de la agricultura. Su cultura se basaba en la tradición oral, porque no conocían ni la lectura ni la escritura. Su idioma es el mapudungun. Adoraban a las fuerzas de la naturaleza, llamadas genéricamente los pillanes, pero nunca erigieron un panteón de dioses propios, a la manera de los griegos o los germanos. La figura religiosa por excelencia es la machi, encargada del culto. Juegan a la chueca, un deporte más o menos parecido al hockey, y celebran un ritual mezcla de adoración y diversión, llamado guillatún. Muy rara vez celebraban sacrificios humanos, y siempre como una manera de expiación frente a grandes cataclismos naturales (la última vez registrada, ocurrió después del terremoto de 1960, el más devastador en la Historia de la Tierra). Actualmente en Argentina hay unos 200.000 mapuches a nivel nacional, mayormente en la Patagonia, y en Chile hay unos 400000, sobre todo en la Región de la Araucanía y en Santiago
Mil besos desde España de Maria

Maria dijo...

LOS POETAS CHILENOS POR ROLANDO GABRIELLI

Rolando Gabrielli. LOS POETAS DE CHILE (Editorial Agua Fresca, Bogotá, Colombia, Cisne Color Ltda. 96 páginas. 500 ejemplares. 50 numerados y firmados por el autor. Año 2007)

La poesía chilena cuenta con su propio pasaporte en el idioma castellano desde el siglo XX en adelante. Si bien podría decirse que en poesía todo está casi escrito, un poema debe buscar y dar sus propias señales. Explicar un poema es como hablar del silencio, porque si es verdadero tiene más de una respuesta en sí mismo. Los poemas son para los lectores y nadie mejor que ellos pueden responder por el texto que tienen enfrente. Un libro se sostiene en el tiempo por las lecturas que de él hagan las personas que lo escogen. La palabra puede superarse en el tiempo a sí misma, pero nunca será igual a cuando fue escrita. Poesía podría ser lo que nunca antes se había escrito. Son tantas y ninguna las definiciones como poemas que aún no se han escrito. Me gusta la definición de Ezra Pound: poesía es el lenguaje cargado de sentido. ¿Qué motiva a escribir poemas a las personas que suelen llamar poetas? Es una manera de observar e interpretar el mundo, a la gente, a lo que a uno le rodea, ve y toca, el silencio y la soledad. La palabra es una aventura en sí misma. El poema es un mapa. La textura del poema es la variante de la palabra en el lenguaje que adquiere definitivamente una forma y contenido inseparables. Un libro suele ser un conjunto de poemas más o menos armónicos en su temática. El poema es una búsqueda a partir de la página en blanco y en un principio se constituye en una idea vaga que lentamente adquiere una forma real. El poema es el cuerpo a través del lenguaje que es su experiencia. Cuando ha cristalizado la idea, el poema ya no nos pertenece, adquiere vida propia. Un poema es un poema tal vez, cuando al leerlo pareciera escrito por otro. Eso me dijo Jorge Tellier una primavera en Santiago.

Los Poetas de Chile, nació como un libro experimental, un juego, un homenaje a la poesía chilena y a algunos poetas conocidos con los que compartí la vida, el vino y la poesía, una época. El 2002 comencé a rayar los primeros borradores que intentaron interpretar la poesía y al hombre o mujer que había escrito una obra poética singular, significativa. El libro se desarrolló sin ninguna solemnidad, ni compromiso, humor, vinculación poética y todo lo personal, discrecional de mi propia visión. También es un ejercicio para ir ingresando a la "chilenidad", si en verdad existiera, pero sobre todo a una época, una historia, una ciudad, un país, a quienes cruzaban la línea de la poesía, en un presente casi anónimo, convulso, idílico, absolutamente impredecible, que concluyó en lo predecible. La línea de fuego puso silencio a la poesía chilena por un largo tiempo dentro de Chile en 1973.

La poesía chilena cuenta con numerosas antologías, críticas, personales, interesantes, espantosamente parciales, como ocurre en este género en muchos países, pero Los Poetas de Chile, no es una antología, no nace como una parcialidad fragmentaria de un todo, ni obedece a una canonización de poetas y poesía. El imán de toda búsqueda está en la orilla, la marginalidad del centro de las cosas, la hondura bajo la superficie, el río, el río que sólo fluye, de orilla en orilla.

Toda selección es arbitraria de por sí y en Chile hay no pocos poetas originales, interesantes, meritorios, dueños de una retórica propia, cuyas obras se sostienen en cualquier antología, pero este libro no lo es, ni por principio, ni fin. Me motivó también un paseo lúdico por la apuesta en vida y obra de los poetas reseñados, pintados, coloreados en estas 96 páginas. Los Poetas de Chile marcaron el territorio en castellano de la poética del siglo XX, dicho y repetido casi como un slogan, y fueron antecedentes de la novelística que se montó en el boom de la narrativa latinoamericana, según han afirmado Cortázar, Carlos Fuentes y García Márquez.

La poesía chilena, que nace de distintos y variados troncos, posee numerosas cabezas, cuerpos de alpinistas que no han cesado de escalar las montañas nevadas de la Cordillera de Los Andes, o atravesar el océano Pacífico como buzos solitarios asfixiados, convertirse en ríos silentes, lagos, desierto y tan urbana como nosotros mismos ciudadanos del Tercer mundo y del siglo XXI, un cristal de acero inoxidable. De origen español (castellana), anglosajona y francesa, alemana y de los inolvidables e imperdibles clásicos griegos, la poesía chilena busca su propio centro y se seguirá contaminando a sí misma, como todo lenguaje que aspira a ser verdadero, único, significar y comunicar.

Chile, una pobre capitanía al sur del Virreynato del Perú, país desértico, salino, marítimo, volcánico, de ricos y de productivos valles, con una geografía desmembrada y deslumbrante, lo primero que exportó fue su poesía, más que los vinos, y fue reconocido durante años por sus dos poetas laureados con el Nobel: Mistral y Neruda. No es una frase chauvinista, sino real. Después del 11 de septiembre de 1973, Chile exportó, deportó, poetas. Hoy algunos viven aún en Estados Unidos, México, Francia, Canadá, Suecia, Australia, Argentina, Panamá, entre otros lugares, donde vuelve a renacer una y otra vez la poesía.
.

Treinta y seis poetas integran la primera parte del libro, con su sal y pimienta, pequeña historia, reflejo de su poesía, su tránsito por Chile de alguna manera. Son poetas jugados en la palabra. La poesía es una obsesión dentro de la escritura y eso lo vi y viví, conversando con Lihn, Millán, Parra. La poesía se hace todos los días, no hay poeta de ocasión ni dominical. Es esencial el humor, la ironía en el retrato de cada uno de los poetas, porque se trata de ingredientes con tradición en la vida cotidiana de Chile y de sus propios poetas.

Bajo el título: Vienen a robar el fuego, dedicado a los que vienen llegando a la mesa de la poesía con sus manos untadas de espanto/pájaros/sueños locos/insomnes en la página en blanco. Los días personales, forman un tercer capítulo de esta historia poética, con un extenso poema donde el autor se ubica y relata los acontecimientos después del 11 de septiembre de 1973. Los que se van, el que se queda: la primavera se acerca para ser degollada. Sigue la historia su curso en el zig zag volátil y sangriento de aquellos días y el poeta se pregunta: ¿La memoria del silencio es eterna? Epitafio, es el siguiente paso de un carrusel, cuyo trasfondo es la poesía de Chile, los días en que la República se fue barranco abajo, pero también un reconocimiento a poetas míticos desaparecidos prematuramente y que si bien forman parte del gran abanico y panorama de la poesía chilena, pudieron ser protagonistas que habrían enriquecido aún más la lírica nacional y del habla castellana. La poesía puso sus muertos antes y después de los tiempos. El Corolario de este viaje, reafirma que Los Poetas de Chile nacen bajo las piedras en el siglo XX y retoma a los grandes volcanes, pero también fueron magos de pueblo chico/duendes de baquelita/adanes tal vez/porque desnudaron la palabra. Artesanos/fueron quizás/simples organilleros/con sus bombos/y platillos provincianos. El país ya había sido fundado por La Araucana.

El Epílogo que ocupa un lugar antes del fin de este libro, es un homenaje al editor argentino Armando Menedín, por esa maravillosa colección de poetas El Viento en la llama, que dejó como legado a la poesía chilena, fin del mundo, donde vino a arrastrar su propio poncho la palabra. Post Chile, esa sección del poemario se inicia con un poema intitulado: Pregúntale al polvo. No me crean/no me crean el Tata está vivo, así inicia ese bautismal, fantasmal, infernal poema sobre el "inmortal", innombrable personaje que fracturó hasta el día de hoy la sociedad chilena. Santiago del Nuevo Extremo, forma parte de este capítulo, pero sobre todo de la fundación de nuestros primeros pasos. La ciudad fue techo, sueño, santo y seña de la realidad. No más allá de la montaña, no más acá de uno mismo. "Santiago no existe. Es una historia muy larga atravesada en el sur. Un río mendigo y la montaña que hace marco del paisaje. Todo lo demás fue un tiempo para el miedo..." Se suceden cinco viñetas sobre Chile, Santiago, Neruda y Pinochet, todas en cien palabras, un gesto de la memoria. En Defensa de la Poesía, es el título de un poema de una sección que preside una serie de homenajes a poetas chilenos. Flama o flauta, los ratones hacen fiesta, con las palabras de la tribu. Los homenajes tienen todo lo de personal que deben tener y estos poemas no son una excepción, ni pretenden serlo. Homenajes referidos también a la poesía. Hágase el verso y la luz se hizo, Parra no deja descansar/a los dioses en su Olimpo. Sobre sus cenizas se construirá la nueva poesía. El poema respira libre/el aire/que la página en blanco /le concede/ al lector. El gusano de la poesía sigue tejiendo el poema. Finalmente, el libro se cierra con El Lado Oscuro. Poesía, poesía y Los Poetas de Chile concluyen con el poema Mi historia, de quien escribió el libro.

Las solapas muchas veces hablan. La de la izquierda, subraya que Los Poetas de Chile es un libro sin entrada, ni salida. La solapa derecha aclara que es un pulso con las lecturas pasadas y futuras, Santiago, los días personales, con los que no conoce el poeta y vienen. La poesía es lo que llevamos puesto, un cuerpo contaminado.

PD.- La edición, bellamente impresa, se debe al esmero y dedicación del diseñador y fotógrafo colombiano, Hernán Santos.
mil besos desde España de Maria LLácer

Maria dijo...

LOS POETAS CHILENOS POR ROLANDO GABRIELLI

Rolando Gabrielli. LOS POETAS DE CHILE (Editorial Agua Fresca, Bogotá, Colombia, Cisne Color Ltda. 96 páginas. 500 ejemplares. 50 numerados y firmados por el autor. Año 2007)

La poesía chilena cuenta con su propio pasaporte en el idioma castellano desde el siglo XX en adelante. Si bien podría decirse que en poesía todo está casi escrito, un poema debe buscar y dar sus propias señales. Explicar un poema es como hablar del silencio, porque si es verdadero tiene más de una respuesta en sí mismo. Los poemas son para los lectores y nadie mejor que ellos pueden responder por el texto que tienen enfrente. Un libro se sostiene en el tiempo por las lecturas que de él hagan las personas que lo escogen. La palabra puede superarse en el tiempo a sí misma, pero nunca será igual a cuando fue escrita. Poesía podría ser lo que nunca antes se había escrito. Son tantas y ninguna las definiciones como poemas que aún no se han escrito. Me gusta la definición de Ezra Pound: poesía es el lenguaje cargado de sentido. ¿Qué motiva a escribir poemas a las personas que suelen llamar poetas? Es una manera de observar e interpretar el mundo, a la gente, a lo que a uno le rodea, ve y toca, el silencio y la soledad. La palabra es una aventura en sí misma. El poema es un mapa. La textura del poema es la variante de la palabra en el lenguaje que adquiere definitivamente una forma y contenido inseparables. Un libro suele ser un conjunto de poemas más o menos armónicos en su temática. El poema es una búsqueda a partir de la página en blanco y en un principio se constituye en una idea vaga que lentamente adquiere una forma real. El poema es el cuerpo a través del lenguaje que es su experiencia. Cuando ha cristalizado la idea, el poema ya no nos pertenece, adquiere vida propia. Un poema es un poema tal vez, cuando al leerlo pareciera escrito por otro. Eso me dijo Jorge Tellier una primavera en Santiago.

Los Poetas de Chile, nació como un libro experimental, un juego, un homenaje a la poesía chilena y a algunos poetas conocidos con los que compartí la vida, el vino y la poesía, una época. El 2002 comencé a rayar los primeros borradores que intentaron interpretar la poesía y al hombre o mujer que había escrito una obra poética singular, significativa. El libro se desarrolló sin ninguna solemnidad, ni compromiso, humor, vinculación poética y todo lo personal, discrecional de mi propia visión. También es un ejercicio para ir ingresando a la "chilenidad", si en verdad existiera, pero sobre todo a una época, una historia, una ciudad, un país, a quienes cruzaban la línea de la poesía, en un presente casi anónimo, convulso, idílico, absolutamente impredecible, que concluyó en lo predecible. La línea de fuego puso silencio a la poesía chilena por un largo tiempo dentro de Chile en 1973.

La poesía chilena cuenta con numerosas antologías, críticas, personales, interesantes, espantosamente parciales, como ocurre en este género en muchos países, pero Los Poetas de Chile, no es una antología, no nace como una parcialidad fragmentaria de un todo, ni obedece a una canonización de poetas y poesía. El imán de toda búsqueda está en la orilla, la marginalidad del centro de las cosas, la hondura bajo la superficie, el río, el río que sólo fluye, de orilla en orilla.

Toda selección es arbitraria de por sí y en Chile hay no pocos poetas originales, interesantes, meritorios, dueños de una retórica propia, cuyas obras se sostienen en cualquier antología, pero este libro no lo es, ni por principio, ni fin. Me motivó también un paseo lúdico por la apuesta en vida y obra de los poetas reseñados, pintados, coloreados en estas 96 páginas. Los Poetas de Chile marcaron el territorio en castellano de la poética del siglo XX, dicho y repetido casi como un slogan, y fueron antecedentes de la novelística que se montó en el boom de la narrativa latinoamericana, según han afirmado Cortázar, Carlos Fuentes y García Márquez.

La poesía chilena, que nace de distintos y variados troncos, posee numerosas cabezas, cuerpos de alpinistas que no han cesado de escalar las montañas nevadas de la Cordillera de Los Andes, o atravesar el océano Pacífico como buzos solitarios asfixiados, convertirse en ríos silentes, lagos, desierto y tan urbana como nosotros mismos ciudadanos del Tercer mundo y del siglo XXI, un cristal de acero inoxidable. De origen español (castellana), anglosajona y francesa, alemana y de los inolvidables e imperdibles clásicos griegos, la poesía chilena busca su propio centro y se seguirá contaminando a sí misma, como todo lenguaje que aspira a ser verdadero, único, significar y comunicar.

Chile, una pobre capitanía al sur del Virreynato del Perú, país desértico, salino, marítimo, volcánico, de ricos y de productivos valles, con una geografía desmembrada y deslumbrante, lo primero que exportó fue su poesía, más que los vinos, y fue reconocido durante años por sus dos poetas laureados con el Nobel: Mistral y Neruda. No es una frase chauvinista, sino real. Después del 11 de septiembre de 1973, Chile exportó, deportó, poetas. Hoy algunos viven aún en Estados Unidos, México, Francia, Canadá, Suecia, Australia, Argentina, Panamá, entre otros lugares, donde vuelve a renacer una y otra vez la poesía.
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Treinta y seis poetas integran la primera parte del libro, con su sal y pimienta, pequeña historia, reflejo de su poesía, su tránsito por Chile de alguna manera. Son poetas jugados en la palabra. La poesía es una obsesión dentro de la escritura y eso lo vi y viví, conversando con Lihn, Millán, Parra. La poesía se hace todos los días, no hay poeta de ocasión ni dominical. Es esencial el humor, la ironía en el retrato de cada uno de los poetas, porque se trata de ingredientes con tradición en la vida cotidiana de Chile y de sus propios poetas.

Bajo el título: Vienen a robar el fuego, dedicado a los que vienen llegando a la mesa de la poesía con sus manos untadas de espanto/pájaros/sueños locos/insomnes en la página en blanco. Los días personales, forman un tercer capítulo de esta historia poética, con un extenso poema donde el autor se ubica y relata los acontecimientos después del 11 de septiembre de 1973. Los que se van, el que se queda: la primavera se acerca para ser degollada. Sigue la historia su curso en el zig zag volátil y sangriento de aquellos días y el poeta se pregunta: ¿La memoria del silencio es eterna? Epitafio, es el siguiente paso de un carrusel, cuyo trasfondo es la poesía de Chile, los días en que la República se fue barranco abajo, pero también un reconocimiento a poetas míticos desaparecidos prematuramente y que si bien forman parte del gran abanico y panorama de la poesía chilena, pudieron ser protagonistas que habrían enriquecido aún más la lírica nacional y del habla castellana. La poesía puso sus muertos antes y después de los tiempos. El Corolario de este viaje, reafirma que Los Poetas de Chile nacen bajo las piedras en el siglo XX y retoma a los grandes volcanes, pero también fueron magos de pueblo chico/duendes de baquelita/adanes tal vez/porque desnudaron la palabra. Artesanos/fueron quizás/simples organilleros/con sus bombos/y platillos provincianos. El país ya había sido fundado por La Araucana.

El Epílogo que ocupa un lugar antes del fin de este libro, es un homenaje al editor argentino Armando Menedín, por esa maravillosa colección de poetas El Viento en la llama, que dejó como legado a la poesía chilena, fin del mundo, donde vino a arrastrar su propio poncho la palabra. Post Chile, esa sección del poemario se inicia con un poema intitulado: Pregúntale al polvo. No me crean/no me crean el Tata está vivo, así inicia ese bautismal, fantasmal, infernal poema sobre el "inmortal", innombrable personaje que fracturó hasta el día de hoy la sociedad chilena. Santiago del Nuevo Extremo, forma parte de este capítulo, pero sobre todo de la fundación de nuestros primeros pasos. La ciudad fue techo, sueño, santo y seña de la realidad. No más allá de la montaña, no más acá de uno mismo. "Santiago no existe. Es una historia muy larga atravesada en el sur. Un río mendigo y la montaña que hace marco del paisaje. Todo lo demás fue un tiempo para el miedo..." Se suceden cinco viñetas sobre Chile, Santiago, Neruda y Pinochet, todas en cien palabras, un gesto de la memoria. En Defensa de la Poesía, es el título de un poema de una sección que preside una serie de homenajes a poetas chilenos. Flama o flauta, los ratones hacen fiesta, con las palabras de la tribu. Los homenajes tienen todo lo de personal que deben tener y estos poemas no son una excepción, ni pretenden serlo. Homenajes referidos también a la poesía. Hágase el verso y la luz se hizo, Parra no deja descansar/a los dioses en su Olimpo. Sobre sus cenizas se construirá la nueva poesía. El poema respira libre/el aire/que la página en blanco /le concede/ al lector. El gusano de la poesía sigue tejiendo el poema. Finalmente, el libro se cierra con El Lado Oscuro. Poesía, poesía y Los Poetas de Chile concluyen con el poema Mi historia, de quien escribió el libro.

Las solapas muchas veces hablan. La de la izquierda, subraya que Los Poetas de Chile es un libro sin entrada, ni salida. La solapa derecha aclara que es un pulso con las lecturas pasadas y futuras, Santiago, los días personales, con los que no conoce el poeta y vienen. La poesía es lo que llevamos puesto, un cuerpo contaminado.

PD.- La edición, bellamente impresa, se debe al esmero y dedicación del diseñador y fotógrafo colombiano, Hernán Santos
Mil besos desde España de Maria LLácer